The White Lie!

Cap?tulo 8 - >Nueva Luz Sobre La Cuesti?n Whit

Los Hechos de los Ap?stoles

por Walter Rea


El fundamento para la reinterpretaci?n Adventista de la historia antigua y la doctrina fue echado con Patriarchs and Prophets (1890), que se convirti? as? en la piedra angular de la teolog?a y la geolog?a Adventistas. Luego, Desire of Ages (1898) habr?a de convertirse en la piedra angular en el arco de la cristolog?a Adventista del Nuevo Testamento. Despu?s, el juego m?s importante de conchuelas de "ahora lo ves, ahora no lo ves" tuvo lugar con otro libro, The Acts of the Apostles (1911), el subproducto de Sketches from the Life of Paul (1883), y a?n antes, The Spirit of Prophecy (tomo tres, 1878), habr?a de erigirse en monumento al disparate Adventista de la mentira blanca.

Muchos Adventistas han o?do hablar algo del conflicto acerca de Sketches from the Life of Paul. Hab?a sido publicado en 1883 y presentado a la iglesia y al p?blico como la mayor fuente de informaci?n inspirada sobre la vida de Pablo desde que Lucas escribi? el Libro de los Hechos. El prefacio daba la pauta:

La escritora de este libro, habiendo recibido ayuda especial del Esp?ritu de Dios, est? en capacidad de arrojar luz sobre las ense?anzas de Pablo y su aplicaci?n para nuestro tiempo, como ning?n otro autor est? preparado para hacerlo. Ella no se ha permitido a s? misma discutir teor?as ni especular. No se ha introducido ning?n material extra?o. En consecuencia, mucho de lo que est? contenido en otros libros, que es interesante para los curiosos y tiene cierto valor, pero que es, despu?s de todo, poco m?s que teor?a, no encuentra cabida en este libro.1

Claramente, este viaje r?pido a trav?s de los m?s o menos sesenta a?os plenos de Pablo iba a salvar los baj?os de la especulaci?n humana, que hab?an hecho encallar a otros escritores antes de Ellen. En a?os posteriores, se argumentar?a que ella no escrib?a el prefacio de sus libros y que, a menudo, tampoco escrib?a las introducciones—lo cual puede ser, pero si es as?, destruye el argumento de que ella estaba siempre en control y siempre supervisaba el producto terminado. O Ellen apoy? esa afirmaci?n, o no la apoy?; pero, en todo caso, la declaraci?n es ?til para examinar lo que sucedi? despu?s de la publicaci?n.

El libro experiment? dificultades casi enseguida tanto dentro como fuera de la iglesia. Francis D. Nichol, que m?s tarde fue el ap?logo de Ellen, hace lo mejor que puede para acallar cualesquiera malos rumores y adelantarse a cualquier nueva cr?tica contra la profeta.2 Para darle a Nichol el cr?dito que merece, quiz?s estaba tratando de salvar algo que era insalvable. Tuvo problemas con esta tarea casi desde el principio. Algunos eruditos consideran la defensa inadecuada e inexacta.3 A decir verdad, algunos han sugerido que el nombre de Arthur White deber?a haber sido inclu?do como colaborador. El libro de Nichol, Ellen G. White and Her Critics [Ellen G. White y Sus Cr?ticos], se escribi? para continuar la hu?da de la realidad con la leyenda de Santa Ellen, reordenando los hechos para negar que Ellen fuera siempre cualquier cosa, menos ?tica, en su manera de escribir. Un observador ha dicho que

Nichol no hizo p?blicos todos los documentos vitales que pose?a. Conoc?a la devastadora evidencia de la carta de la Sra. White para Bates en 1847 [concerniente a la puerta cerrada], pero no dijo nada acerca de ello.4

Si esta informaci?n es verdadera, entonces, ?qu? objetividad podr?a Nichol aportar a las ideas que expuso en relaci?n con Sketches from the Life of Paul? Ya sea que hubiera o no una amenaza de demanda judicial, el libro fue retirado de la circulaci?n, dando cada lado del debate diferentes razones para su fallecimiento. El libro no estuvo disponible nuevamente hasta que se public? una reproducci?n en facs?mil noventi?n a?os m?s tarde.

El gran alboroto acerca del librito puede contarse de una manera simple. El m?todo de escribir segu?a el modelo que ya se hab?a establecido, y no hay duda de que el material fue robado de otras fuentes. Hubo quejas de que Sketches sonaba muy parecido a The Life and Epistles of St. Paul, escrito por W. J. Conybeare y J. S. Howson. Aunque las similitudes fueron negadas en ese tiempo, un examen posterior mostr? que la cr?tica ten?a fundamento. Se us? una comparaci?n de por cientos para tratar de reducir al m?nimo el hecho de la dependencia.

Un estudio efectuado por H. O. Olson5 a principios de 1940 fue la base para el material en el libro de Nichol que defend?a a Ellen. Olson present? p?ginas y p?ginas de comparaciones, pero s?lo inform? de citas directas o palabras similares. La verdad es que Ellen hab?a usado material del otro autor casi sin interrupci?n. Comparaciones m?s recientes indican que la par?frasis del libro de Conybeare y Howson es evidente en la estructura, las palabras, los p?rrafos, y hasta las p?ginas del material—casi sin darle a Dios oportunidad, en muchos casos, de insertar una palabra transversalmente.6 Hasta el color local y el vocabulario de Ellen son limitados en algunos cap?tulos.

A pesar de los trucos en la preparaci?n del libro, las conocidas cr?ticas, y el hecho de que hab?an transcurrrido noventa a?os, la reimpresi?n del facs?mil se hizo en 1974 sin cambios ni confesiones. En el nuevo prefacio de la edici?n en facs?mil, los fideicomisarios del White Estate todav?a alababan los m?ritos del libro como si no hubieran aprendido ninguna lecci?n en los pasados cien a?os:

Al comienzo, un lector observ? que, en sus treinta y dos cap?tulos, hab?a "muchos puntos que no se mencionan en el Nuevo Testamento" - m?s de 750 de ellos. George I. Butler, presidente de la Conferencia General, escribi? emotivamente en el Review and Herald despu?s de leer el libro:
Hay pasajes en ?l que tocaron nuestros corazones en lo m?s profundo, e hicieron brotar l?grimas de nuestros ojos. Terminamos de leer sus p?ginas con una muy grande admiraci?n por el car?cter y la vida de este devoto ap?stol, y con un claro sentido del poder de la religi?n de nuestro Se?or y Salvador para ayudar y ennoblecer a la humanidad d?bil y ca?da.—Review and Herald, julio 24, 1883.7

Para una iglesia que siempre le hab?a dicho al p?blico que nada deber?a a?adirse al Canon, m?s o menos unos pocos pensamientos, 750 nuevas adiciones ser?an impresionantes hasta para un libro escrito por Ellen.

La admisi?n por parte de H. O. Olson de que ella hab?a copiado material era comprensible. Pero, como uno de los que estaban enterados, ?l ten?a informaci?n confidencial adicional que Nichol no us? en su libro. Olson tambi?n hab?a hecho un estudio sobre otro autor que Ellen y su grupo encontraron ?til—pero que, como de costumbre, no hab?an reconocido. Al documento se le dio el pesado t?tulo de "Comparaciones entre The Life and Works of Paul, escrito por Farrar, y Sketches from the Life of Paul, escrito por la Sra. E. G. White, para establecer si el ?ltimo dependi? del primero". El estudio era una verdadera promesa. Las comparaciones se hicieron circular entre los miembros de la iglesia en el campo a solicitud, con la particularidad de que les faltaba la primera p?gina. Esa p?gina dec?a:

No se ley? cuidadosamente y no se hizo ninguna comparaci?n entre The Life and Works of Paul, escrito por Farrar, y Sketches from the Life of Paul, escrito por la Sra. E. G. White, como en el caso entre ?sta ?ltima y Life and Epistles of the Apostle Paul, escrito por Conybeare y Howson; sino que se utiliz? un d?a en un esfuerzo para establecer si alguna parte del libro de la Sra. White estaba basado en el libro de Farrar. En especial, compar? las secciones de Sketches from the Life of Paul, que no ten?an citas de Life and Epistles of the Apostle Paul.8

A pesar de todas las lecciones del pasado, y como para seguir un modelo de no ver, Olson continu? restringi?ndose, como otros que vinieron despu?s. Nadie parec?a querer reconocer la mercanc?a robada en la casa de empe?os de Ellen, porque los futuros investigadores parecen haberse hecho eco de Olson cuando dice en la primera p?gina de su documento:

En el cap?tulo en el tomo I de la obra de Farrar que trata de la obra en Corinto, encontr? dos pasajes de los cuales se hab?an citado posiblemente tres y cinco palabras, respectivamente, y en la secci?n en el tomo II, que trata de Ner?n, encontr? cuatro pasajes, con un total de ciento cinco palabras que eran las mismas que se encontraban en la secci?n correspondiente del libro de la Sra. White. [La cursiva ha sido a?adida].

Una y otra vez, los que estaban inclu?dos en el Plan del clan de la iglesia se apresuraron a emitir juicios para salvar a Ellen—cerrando los ojos a las par?frasis o el uso libre en las adaptaciones de material ajeno. As? contribuyeron a mantener viva la mentira blanca.

Sin embargo, hubo algunos contempor?neos de Ellen que ve?an lo que ocurr?a cuando Ellen y su grupo hac?an arder el aceite de medianoche bien entradas las horas de la madrugada.10 Arthur G. Daniells, (presidente de la Conferencia General de los Adventistas del S?ptimo D?a desde 1901 hasta 1922 ), cuando se le pidi? que explicara aquellas luces del norte que a menudo iluminan el material ajeno, present? alguna justificaci?n del problema durante la Conferencia B?blica de 1919, en la cual se hicieron esfuerzos para enfrentarse a los escritos de Ellen. Como muchos de los miembros del clan que todav?a quer?an trabajar para el sistema, tom? el camino m?s f?cil en su explicaci?n:

S?; y ahora consideren ese libro Life of Paul,—supongo que todos ustedes lo conocen, as? como las afirmaciones que se hicieron contra ella, acusaciones de plagio, hasta por los autores del libro, Conybeare y Howson, que probablemente causar?an problemas a la denominaci?n porque una porci?n tan grande de su libro fue puesto en The Life of Paul sin dar ning?n cr?dito ni usar comillas. Algunas personas de l?gica estricta podr?an exagerar sobre esa base, pero yo no soy as?. Lo encontr?, y lo le? con el Hermano Palmer cuando lo encontr?, y obtuvimos el de Conybeare y Howson, y tambi?n History of Reformation, de Wylie, y le?mos palabra por palabra, p?gina tras p?gina, y no encontramos ni citas ni cr?ditos, y realmente no supimos la diferencia hasta que comenzamos a compararlos. Supuse que era el trabajo de la propia hermana White. La pobre hermana dijo: Vaya, yo no sab?a nada de citas ni de cr?ditos. Mi secretaria deber?a haberse encargado de eso, y la casa publicadora deber?a haberse encargado de eso". [La cursiva ha sido a?adida]. 11

Ellen debe haber aprendido bien su lecci?n de Eva, que culp? a la serpiente por su ca?da. Es dif?cil creer, todav?a en 1883, en su plan de reescribir la historia y la teolog?a a partir de otros autores, que Ellen no supiera la diferencia moral y ?tica en ?reas tan delicadas cuando, de acuerdo con ella, Dios estaba a su lado todo el tiempo mientras ella hac?a lo que hac?a. Si, como aseguraba Ellen, Dios le estaba dando continua informaci?n acerca de la ropa sucia de los miembros de la iglesia, seguramente debe haberle dado informaci?n confidencial acerca de la delicadeza de dar cr?dito cuando usaba material ajeno.

La mayor parte de los libros y materiales posteriores de Ellen llegaron despu?s de que se le hab?a informado del problema con Sketches from the Life of Paul y despu?s de la ya mencionada confesi?n de ignorancia. Es asombroso que ni ella, ni sus ayudantes, ni la iglesia dieran jam?s ni un ?pice de cr?dito a nadie, hasta la edici?n de 1888 de The Great Controversy. A?n entonces, se hizo de manera tan improvisada que tuvo que ser mejorada en la edici?n de 1911.

A Daniells no le gust? lo que vio. Pero, siendo buen pol?tico, hab?a aprendido a no decir nada bien. En 1919, expres? honestamente la siguiente convicci?n:

All? vi la manifestaci?n de lo humano en estos escritos. Por supuesto, yo podr?a haber dicho esto, y lo dije, que deseaba que se hubiese tomado un rumbo diferente al compilar los libros. Si se hubiera tenido el debido cuidado, se habr?a evitado que mucha gente se descarriara. [La cursiva ha sido a?adida].12

Pero no se tuvo el debido cuidado. En realidad, las afirmaciones de Ellen y de sus escritos se volvieron a?n m?s abarcantes y extremas, y hasta la fecha hay gente que est? siendo "descarriada".

Pero Daniells estaba teniendo problemas con algo m?s que con Sketches from the Life of Paul. En la misma Conferencia B?blica de 1919, habr?a de decirles a los presentes (la mayor?a de los cuales revelaron sufrir de tortura mental acerca de la infalibilidad y el plagio de Ellen) que hab?a visto otros problemas en otros libros:

En Australia, vi preparar The Desire of Ages, y reescribir cap?tulos, algunos de ellos una y otra y otra y otra vez. Vi eso, y cuando le habl? a la Hermana Davis acerca de eso, les digo que tuve que enfrentarme con esto y comenzar a establecer cosas en relaci?n con el esp?ritu de profec?a. Si nunca se hubiesen tomado estas falsas posiciones, el asunto habr?a sido mucho m?s sencillo de lo que es hoy. Todo lo que ha sido objeto de la acusaci?n de plagio se habr?a simplificado, y creo que hombres habr?an sido salvados para la causa si desde el comienzo hubi?semos entendido esto como deber?a haber sido. Sosteniendo esos falsos puntos de vista, tenemos dificultades para enderezar las cosas. No nos enfrentaremos a esas dificultades recurriendo a una falsa afirmaci?n. [Las cursivas han sido a?adidas].13

Daniells no hablaba de "inspiraci?n verbal", como algunos quieren hacerle creer a la gente. Sab?a, como otros lo hab?an sabido antes que ?l, que algunos de los que estaban alrededor de Ellen hab?an estado usando el privilegio editorial y licencia para incorporar algunos de sus propios pensamientos. Ellen no estaba en control todo el tiempo. Daniells la hab?a visto soltar las riendas y tener menos control con el correr del tiempo. ?l cuenta su preocupaci?n:

La visit? una vez para hablarle acerca de este asunto del "continuo", y llev? conmigo aquel viejo gr?fico ... y lo puse sobre su regazo, y tom? Early Writings y se lo le?, y entonces le habl? de la controversia. Pas? mucho tiempo con ella. Era uno de sus d?as en que se sent?a alegre y descansada, as? que se lo expliqu? con bastante detalle. Le dije: "Ahora, aqu? usted dice que se le mostr? que el punto de vista que los hermanos sosten?an acerca del "continuo" era correcto. Ahora, hay dos partes aqu? en este 'continuo', que usted cita. Uno es este per?odo de tiempo, los 2300 a?os, y el otro es lo que era el mismo 'continuo'".

Lo revis? junto con ella, y cada vez que yo llegaba a ese tiempo, ella dec?a: "Vaya, yo s? lo que se me mostr?, que ese per?odo de d?as era fijo, y que no habr?a ning?n tiempo definido despu?s de eso. Los hermanos estaban en lo cierto cuando llegaron a la fecha de 1844".

Entonces yo dej? eso, y continu? con este "continuo". Ella dijo: "Vaya, hermano Daniells, yo no s? lo que es ese 'continuo', si es paganismo o el ministerio de Cristo. Eso no es lo que se me mostr?". Y enseguida regresaba a esa zona crepuscular.14

Hay quienes creen que Daniells se meti? en aguas profundas tratando de reducir la velocidad de la leyenda de Ellen, y que fue despedido por los verdaderos creyentes en 1922 en parte a causa de los rumores de su falta de fe en Ellen y en sus escritos.15 ?sta puede ser o no una correcta interpretaci?n de lo que pas?. Sin embargo, uno por uno, los que mejor conoc?an a Ellen y estaban m?s cerca de ella en el mundo real, a menudo eran disciplinados cuando no pod?an seguir sus escritos en el mundo irreal, donde su ficci?n era considerada como hechos y su fantas?a como verdad. Ellen no exig?a que todos vieran lo que ella ve?a, pero era necesario que creyeran que ella hab?a visto lo que dec?a que hab?a visto.

Pero la parte inmensamente importante del juego de manos era que nadie deber?a venir a ver d?nde ella vio lo que dice que vio. El verdadero truco consist?a en convencer, a todos y a cada uno de ellos, de que la mayor parte de la mercanc?a que ella vend?a era nueva y de primera mano. Con la ayuda de Ellen, la iglesia se vendi? esta mentira blanca a s? misma y se la vendi? a todos los dem?s que quer?an comprarla—y ha continuado vendi?ndola hasta el d?a de hoy. Como se est? publicando material nuevo a una velocidad alarmante, mostrando que la mercanc?a era y es sustancialmente de segunda y a?n de tercera mano, Ellen est? en condiciones de convertirse, en gran medida, en compiladora de material ajeno antes que en autora o empresaria de mercader?a divina.

A la luz del material de la Conferencia B?blica de 1919, que fue dado a la luz p?blica s?lo en a?os recientes—no de buena fe por el White Estate, sino por particulares—ser?a temerario argumentar, como hacen algunos, que nadie sab?a lo que suced?a en el closet de los escritos de Ellen; porque, si lo hubiesen sabido, se lo habr?an dicho a los dem?s.

En realidad, s? hubo gente que lo dijo. Pero los que lo hicieron no han sido recompensados por sus esfuerzos: Stewart, Sadler, los Kellogg, Ballinger, Canright, Colcord, Smith, y Daniells, entre otros. M?s tarde, las asistentes de Ellen—Fannie Bolton, su  sobrina Mary Clough, y hasta Marian Davis, su leal empleada editorial, que trabaj? para ella por m?s tiempo—se revelar?an preocupadas y nerviosas por su participaci?n en el copiado de Ellen. A?n m?s tarde, nos enterar?amos de que las preocupaciones de Lacy, Prescott, y otros fueron tambi?n ignoradas, y que sus preguntas quedaron para poner perplejas y tentar a las mentes inquisitivas de hoy d?a.

Uno por uno, cada uno de ellos fue persuadido por medio de una "reprensi?n", un "testimonio", un consejo, y la confrontaci?n, y sus testimonios minimizados.16 Como Uriah Smith lo hab?a averiguado antes que ellos, no era aconsejable revolver mucho la casa de empe?os de Ellen mirando las etiquetas de su mercanc?a para ver si era de primera o de segunda mano. Algunos de los que lo hicieron fueron silenciados, cambiados de lugar, o rechazados como no aptos para Dios o su obra. Ellen y sus "verdaderos creyentes", los custodios de las llaves, habiendo inventado la idea de la puerta cerrada en 1844, estaban decididos a mantenerla cerrada para todos, menos para los que juraran que cre?an que Ellen, y s?lo Ellen, hab?a visto lo que hab?a visto, y que nadie, pero nadie, hab?a visto nunca antes. Ella afirmar?a que no hab?a visto ni le?do el libro Paradise Lost de Milton.17

S? que la luz que he recibido viene de Dios, no me la ense?? hombre alguno.18

No le? ninguna obra sobre la salud sino despu?s de haber escrito Spiritual Gifts.19

Mis visiones fueron escritas independientemente de los libros o las opiniones de otros.20

Ellen nunca se resign? a reconocer la influencia humana en sus escritos. A los que ve?an las cosas de manera diferente jam?s se les permiti? admitir lo que vieron o supieron—la base de todo cambio para mejorar. Hab?a que mantener la leyenda de que la relaci?n entre Dios y Ellen era tan estrecha que nada podr?a jam?s interponerse entre ellos. Y Ellen White ayud? a fomentar y a mantener esa leyenda. Los que expresaban en voz alta su preocupaci?n por lo que ve?an eran declarados "suaves" acerca de Ellen y tratados en consecuencia. La lista de los que recibieron noticias del desagrado de Dios por medio de la pluma de Ellen es larga.21

A?n hoy, mediante juramento, se hacen esfuerzos para evitar que los maestros y dirigentes de las iglesias locales expresen reservas respecto a Ellen y a sus escritos. A continuaci?n, un ejemplo de ese tipo de juramento, enviado a los miembros de iglesia el 3 de octubre de 1980:

La junta de pastores de la iglesia de Aurora ha recomendado que se le env?e esta carta a cada uno de los miembros. S?rvase leer con cuidado.

Queridos miembros:

La iglesia de Aurora es miembro de la hermandad de iglesias de la Conferencia de los Adventistas del S?ptimo D?a de Colorado. Fue organizada para predicar el evangelio y sostener las ense?anzas de la iglesia Adventista del S?ptimo D?a. En las Escrituras, se le advierte a la iglesia que debe "estar alerta" contra individuos o ense?anzas que puedan entrar y desbaratar la unidad o apartar a los miembros de las creencias de la iglesia.

La iglesia Adventista del S?ptimo D?a no tiene credo, pero s? tiene una declaraci?n de creencias que ha sido adoptada como la base de su existencia. La declaraci?n de creencias fue reafirmada en la reciente Conferencia General [1980]. M?s recientemente, los dirigentes y eruditos adoptaron una declaraci?n de consenso que proporcionaba un fuerte apoyo a la posici?n oficial de la iglesia sobre las ense?anzas relativas al santuario y el ministerio prof?tico de Ellen G. White.

Para preservar la unidad y mantener el orden, la iglesia de Aurora debe solicitarles a los dirigentes y a los que ocupan puestos en el ministerio de la ense?anza que se suscriban a las creencias fundamentales de los Adventistas del S?ptimo D?a. Si un maestro o dirigente no puede hacer esto a conciencia en este momento, le pedimos que renuncie a su puesto voluntariamente. Le pedimos esto en un esp?ritu de amor, creyendo que ?sta ser?a la respuesta cristiana de parte de la persona que se encuentre en desacuerdo con las ense?anzas de la iglesia.

Reconocemos que Dios ha dado ciertos dones a individuos. Estamos tratando de usar estos dones para la gloria de Dios. Esperamos que cada uno de nuestros dirigentes y maestros reconozca su lealtad a la iglesia y sus ense?anzas, y que contin?e cumpliendo con sus obligaciones.

17. El Don de Profec?a.

Uno de los dones del Esp?ritu Santo es el de profec?a. Este don es una marca que identifica a la iglesia remanente, y se manifest? en el ministerio de Ellen G. White. Como la mensajera del Se?or, sus escritos son una fuente continua y autorizada de la verdad, y proporcionan a la iglesia consuelo, gu?a, instrucci?n, y correcci?n. Adem?s, sus escritos dicen claramente que la Biblia es el modelo por el cual se ha de probar toda ense?anza y toda experiencia. [La cursiva ha sido a?adida].22

Quiz?s m?s que cualquier otro documento, esta carta muestra cu?n necesario ha sido y contin?a siendo que la iglesia use la fuerza y la presi?n para mantener la posici?n de Ellen en la iglesia. Tambi?n expresa con claridad que el cielo Adventista es un cielo de Ellen G. White, y que los que vayan all? tendr?n que comprar su boleto de las santas concesiones de la iglesia que se venden en la casa de empe?os de Ellen.

Y sin embargo, ni una sola vez, ni siquiera en inter?s de la justicia o la honestidad, se le ha dado cr?dito a nadie por su contribuci?n concerniente a los escritos que la iglesia hora promociona como "el esp?ritu de profec?a". Algunas veces se mencion? a los  mec?nicos, pero siempre se neg? la influencia externa.23 La ?nica declaraci?n de alguna sustancia a la que la iglesia se?al? alguna vez es la que se puso en la introducci?n a la edici?n revisada de The Great Controversy de 1888 y m?s tarde en la edici?n de 1911. John Harvey Kellog parec?a tener la verdadera respuesta a esa actuaci?n cuando dijo:

Continuaron vendi?ndolo, pero cambiaron el prefacio en la siguiente edici?n [1888] para proporcionar una peque?a salida a trav?s de la cual poder escaparse arrastr?ndose, y dieron un peque?o indicio, de una manera muy suave y m?s bien oculta, que el autor hab?a utilizado informaci?n obtenida de varias fuentes, as? como de la inspiraci?n divina. Eso es lo que yo recuerdo. Y recuerdo que vi la correcci?n, y no me gust?, y dije: "Eso es s?lo arrastrarse, eso es simplemente algo puesto all? para que el lector corriente no lo descubra en absoluto, sino que vea all? las afirmaciones mayores como de inspiraci?n divina, para que sean enga?ados con eso".24

A medida que la historia se revelaba a?o tras a?o, y d?cada tras d?cada, m?s y m?s dirigentes de iglesia, amigos personales, ayudantes, y otros cayeron en la cuenta del juego de esgrima que Ellen y su grupo estaban jugando, pero cuando dieron un  paso adelante para testificar de lo que hab?an visto, o para hacer preguntas acerca de lo que no entend?an, fueron fusilados.

Fannie Bolton, una de las asistentes editoriales de Ellen, fue uno de los casos. Fue contratada por su reconocido talento. Pero varias veces, llena de remordimientos por lo que ve?a y lo que se le ped?a que hiciera, fue donde personas importantes para contarles su historia y tratar de obtener algunas respuestas para lo que ella sent?a que no era apropiado. Una de esas personas fue Merritt G. Kellogg, que escribi? acerca de esa experiencia:

Dijo Fanny: "Dr. Kellogg, tengo una gran angustia mental. He venido a pedirle consejo, porque no s? qu? hacer. Le he dicho al pastor Starr [Geo. B.] lo que voy a decirle a Ud., pero no me dio ning?n consejo satisfactorio. Ud. sabe que yo estoy escribiendo todo el tiempo para la hermana White. La mayor parte de lo que escribo se publica en Review and Herald como si hubiese salido de la pluma de la Hna. White, y se despacha como si hubiese sido escrito por la hermana White por inspiraci?n divina. Quiero decirle que me siento muy angustiada acerca de este asunto porque me parece que estoy actuando de manera enga?osa. La gente est? siendo enga?ada acerca de la inspiraci?n de lo que escribo. Me parece muy mal que cualquier cosa que yo escriba salga con la firma de la hermana White como si fuera un art?culo especialmente inspirado por Dios. Lo que yo escribo deber?a salir con mi propia firma, para que se le d? cr?dito a quien lo merece". Le di a la Srta. Bolton el mejor consejo que pude, y poco despu?s le ped? a la hermana White que me explicara la situaci?n. Le dije exactamente lo que Fanny me hab?a dicho. La Sra. White me pregunt? si Fanny me hab?a dicho lo que yo le hab?a repetido a ella, y cuando le dije que s?, me dijo: "El pastor Starr dice que ella fue donde ?l con lo mismo. Ahora", dijo la hermana White con alg?n calor, "Fanny Bolton jam?s volver? a escribir ni una sola l?nea para m?. Ella puede hacerme da?o como ninguna otra persona puede hacerlo". Algunos d?as m?s tarde, la Srta. Bolton fue devuelta a los Estados Unidos. Desde ese d?a hasta hoy, mis ojos han permanecido abiertos. M. G. Kellogg.25

Al White Estate le gusta decir que hay pruebas disponibles indicando que Fannie era emocionalmente inestable. ?Por qu? no deber?a serlo, considerando las influencias y presiones que actuaban sobre ella? Algunas de estas influencias y presiones aparecen m?s tarde en su "confesi?n". Bajo el sistema de relaci?n laboral de Ellen, uno no era despedido abiertamente sin que Dios estuviese activamente en la junta laboral. El pastor Starr cuenta c?mo ocurr?an esas separaciones:

Luego, me retir? a mi habitaci?n y or? fervorosasmente en relaci?n con el asunto, pidi?ndole al Se?or m?s luz y direcci?n en cuanto a c?mo llegar a la ra?z de la dificultad. Al salir de mi habitaci?n, pas? en frente de la puerta de la hermana White, y como estaba entornada, ella me vio y me llam? a su habitaci?n, diciendo: "Tengo problemas, hermano Starr, y me gustar?a hablar con Ud".

Le pregunt? la naturaleza de su problema, y ella contest?: "Mis escritos, Fanny Bolton"—s?lo cuatro palabras. Luego, le pregunt? cu?l era el problema con Fanny Bolton y sus escritos... Ella dijo: "Quiero contarle una visi?n que tuve hoy como a las dos de la ma?ana. Estaba tan despierta como lo estoy ahora, y aparecieron por encima de m? un carruaje de oro y caballos de plata, y Jes?s, en su real majestad, estaba sentado en el carruaje. Qued? muy impresionada con la gloria de esta visi?n, y le ped? al ?ngel que me acompa?aba que no permitiera que la visi?n desapareciera sino hasta que yo hubiese despertado a toda la familia. ?l dijo: 'No llames a la familia. Ellos no ven lo que t? ves. Escucha un mensaje'. Entonces me llegaron las palabras retumbando sobre las nubes desde el carruaje y desde los labios de Jes?s: '?Fanny Bolton es tu adversaria! ?Fanny Bolton es tu adversaria! El mensaje se repiti? tres veces. Ahora," dijo la hermana White, "yo tuve esta misma visi?n hace como siete a?os, cuando mi sobrina, Mary Clough, trabajaba en mis escritos. [Ella dijo]: 'T?a Ellen me da los escritos en borrador, y yo los pulo, pero no recibo ning?n reconocimiento por ello. Todo sale firmado Ellen G. White".26

Ning?n huelguista moderno tendr?a menos oportunidad estando Dios haciendo las negociaciones en esa junta laboral. (Evidentemente, ?stas eran negociaciones de tan alto nivel que no se le pod?an confiar ni siquiera a ninguno de los ?ngeles subordinados). En todo caso, en aquellos d?as era lo mismo que ahora: Cuando el ?rbitro dice que est?s fuera, ?est?s fuera!

Uno de los interesantes apartes de este asunto parece ser el de Mary Clough, la sobrina de Ellen. A menudo, hab?a sido alabada por su trabajo cuando estuvo con Ellen, quien dijo de ella:

Mary es muy ?til, y la aprecio....27 Trabaja bien con mis copias...28 Estimo a Mary m?s y m?s cada d?a....29 Mary me sigue muy de cerca. Se entusiasma tanto con algunos temas, que me trae el manuscrito para le?rmelo, despu?s de haberlo copiado. Hoy me mostr? una gruesa pila de manuscritos que hab?a preparado. Los contempl? con mucho orgullo....30

Pero, como Fannie, Mary tambi?n hab?a ca?do en desgracia y hab?a sido despedida—nuevamente por Dios. Esto demuestra que (tambi?n en aquellos d?as) cuando Ud. est? caliente, est? caliente, pero cuando Ud. se ha enfriado (es decir, cuando ha visto demasiado de lo que Ellen ve?a y d?nde lo ve?a), Ud. est? fuera.

A pesar de todas las observaciones acerca del copiado de Ellen que llegaban a Washington, D. C. por la l?nea caliente, la posici?n oficial era, y es, que a?n si se descubriera que Ellen hab?a copiado todo de Conybeare y Howson, ella no hab?a sido influ?da por lo que hab?a reconstru?do en sus propias palabras con la ayuda de Dios. Todav?a en 1959, en una serie de art?culos, el nieto Arthur todav?a estaba renovando el compromiso a favor de la abuela:

Con el paso de los a?os, la acusaci?n cambi? a la de que la Sra. White hab?a sido influ?da en los mensajes que transmit?a. Algunos indicaron que los mensajes reflejaban las opiniones y los puntos de vista de sus asociados. No ser?a extra?o, dec?an, que algunos de los mensajes de la Sra. White reflejaran las opiniones de otros, por cuanto ella estaba rodeada de dirigentes poderosos. Algunos de los que recibieron mensajes de reprensi?n se preguntaron en sus corazones o abiertamente: "?Qui?n ha estado hablando con la Hermana White?"31

Es dif?cil creer que el nieto Arthur no supiera qui?n estaba "hablando con la hermana White". Como custodio de las llaves de la b?veda, ?l debe haber sabido cu?les evidencias estaban disponibles para dar la respuesta. Pero continu? diciendo por qu? no se atrev?a:

Si los mensajes transmitidos por Ellen G. White tuvieron su origen en las mentes o en las influencias que la rodeaban; si a los mensajes sobre organizaci?n se les puede seguir el rastro hasta las ideas de James White o George I. Butler; si los consejos sobre la salud se originaron en las mentes de los doctores Jackson, Trall, o Kellogg; si las instrucciones sobre educaci?n se basaron en las ideas de G. H. Bell o de W. W. Prescott; si los altos est?ndares defendidos en los escritos y los libros de Ellen G. White fueron inspirados por los hombres poderosos de su causa—?entonces los consejos del Esp?ritu de Profec?a no significan para nosotros nada m?s que algunas buenas ideas y consejos ?tiles!32

Muy cierto. Es interesante especular sobre por qu? Arthur escogi? los nombres que escogi?, pues durante alg?n tiempo la maquinaria Adventista de rumores hab?a estado cuchicheando los nombres de los que contribu?an a los escritos de Ellen, incluyendo los que ?l mencion?. H. Camden Lacey hab?a escrito:

?Y por qu? no hablamos m?s generalmente acerca de ?l [el Esp?ritu Santo] de esa manera, como lo hace nuestra traducci?n autorizada, y lo hicieron los Primeros Escritos de la Hna. White, hasta que cay? bajo la influencia de su esposo y otros pioneros?33

Nuevamente, debe recordarse que los dirigentes de la iglesia sab?an que Lacey ten?a informaci?n confidencial concerniente a la composici?n de algunos de los libros; y en sus cartas a Leroy E. Froom, le hab?a escrito en 1945:

Pero ?l [W. W. Prescott] insisti? en su interpretaci?n, y la Hna. Marian Davis pareci? trag?rsela, y he aqu? que, cuando sali? El Deseado de Todas las Gentes, apareci? aquella ense?anza id?ntica en las p?ginas 24 y 25 que, seg?n creo, ?puede ser buscada en vano en cualquiera de las obras publicadas por la Hna. White antes de ese tiempo!34

Hay quienes pondr?an en duda la exactitud de la memoria de Lacey acerca de estas cuestiones, pero en fin de cuentas su memoria tiene que contraponerse a la memoria del nieto Arthur o a la de cualquier otro miembro del White Estate. Ellos no estaban all? cuando el incidente tuvo lugar. Aunque Arthur no hab?a sido adiestrado en psicolog?a moderna, ni hab?a sido preparado a fondo como te?logo, s? sab?a que se le hab?a confiado la tarea de proteger las concesiones de su abuela, y no ten?a ning?n deseo de perder aquella franquicia celestial, ni ?l mismo ni su iglesia. No estaba solo en la protecci?n de esa imagen celestial. En la segunda parte de sus art?culos, cita a la abuela Ellen como diciendo:

He tenido el h?bito de no leer ning?n art?culo doctrinal en el peri?dico, para que mi mente no fuera influ?da por las ideas o los puntos de vista de nadie, y para que el molde de las teor?as de ning?n hombre tuviera ninguna conexi?n con lo que yo escribo.35

Una persona razonable de mediana inteligencia y una modesta educaci?n puede ver que algo tiene que ceder. Una comparaci?n independiente de Sketches from the Life of Paul con los autores que Ellen White us? proporcionar?a suficiente evidencia para que hasta sus m?s firmes defensores llegaran a la conclusi?n de que, hasta en teolog?a,  las cosas iguales a s? mismas tambi?n son iguales entre s?.36 Pero Arthur no era matem?tico. As? que, sin la restricci?n de esa disciplina, pudo escribir:

Estas afirmaciones de la Sra. White misma y de los que estaban cerca de ella son francas, positivas, e inequ?vocas, y deber?an eliminar para siempre cualquier pregunta en cuanto a si sus secretarias pudieron o no haber influ?do en los escritos de E. G. White. La Sra. White no fue influ?da por los que estaban cerca de ella, ni sus escritos fueron manipulados. Sus mensajes no se basaron en las ideas de los que estaban cerca de ella, ni en informaci?n que otros puedan haberle proporcionado.37

Estas incre?bles afirmaciones deber?an haber eliminado para siempre todas las preguntas—pero no las eliminaron. Habr?an de venir m?s, y en una secuencia m?s r?pida. La posici?n de la Iglesia Adventista cambi? en la d?cada de 1970. Para salvarse de los efectos de la creciente evidencia de que Ellen s? copi? material ajeno, de que s? ocult? ese hecho, y de que otros s? hab?an influ?do sobre ella, ahora la iglesia dijo, de hecho—?y qu?? El copiar material no era nada nuevo. Como Ellen despu?s de ellos, la mayor?a de los escritores b?blicos tambi?n copiaron de otros y fueron influ?dos por otros. A partir de esa l?nea de razonamiento, es claro que la iglesia y el nieto Arthur hab?an decidido en su pensamiento que Ellen hac?a mucho tiempo se hab?a convertido en la primera entre sus iguales.

El auditorio al cual apelaba Arthur en la Review era un auditorio cautivo. Este auditorio no se daba cuenta, cuando le?a acerca de Sketches from the Life of Paul, que antes de Sketches, Ellen ya hab?a extra?do material libremente de otros autores en su versi?n anterior sobre la vida de Pablo (tomo tres de El Esp?ritu de Profec?a).38. En el prefacio de la reimpresi?n de 1974, el lector cauteloso podr?a haberse tropezado con una joyita de afirmaci?n oculta all?, pero no muchos eran cautelosos en la d?cada de 1870, por cuanto ese reconocimiento habr?a de venir noventi?n a?os despu?s de los hechos.

No se necesita un alto grado de erudici?n para detectar la f?rmula de Ellen para usar material de otros autores en el precursor de Sketches from the Life of Paul. Sin embargo, se exige cierto grado de algo m?s para entender c?mo—despu?s de codearse, por decirlo as?, con escritores como Conybeare y Howson, Farrar, March, McDuff, y qui?n sabe cu?ntos m?s—pod?a ella sostener, imp?vida, que no hab?a sido influ?da por ellos, cuando los rellenos sobresal?an por todas partes. Si ella fue influ?da o no es ahora de menor importancia, siendo lo principal que la iglesia y todos sus miembros ciertamente fueron influ?dos por aqu?llos de quienes ella copi? (y fueron descaminados en cuanto a los hechos). Y la iglesia en general contin?a siendo as? influ?da por las ideas, oraciones, p?rrafos, y hasta p?ginas del material que no es como ha sido representado.

Hasta H. O. Olson, que ten?a la tarea de desviar las cr?ticas que ven?an de los que sab?an c?mo Ellen hab?a reunido material de otros para su Life of Paul, admiti?:

Aunque se pueden encontrar considerables paralelos entre los dos libros, es evidente que sus objetivos no son los mismos.39

?Qui?n dijo que se supon?a que sus objetivos fueran los mismos? De alguna manera, los mayordomos del White Estate hab?an "extraviado" aquella p?gina frontal de la investigaci?n de Olson sobre parte del libro, y no reapareci? en p?blico sino hasta que el Comit? de Glendale se reuni? en enero de 1980 para estudiar las comparaciones con las fuentes—y un Olson de otra generaci?n inform? al grupo que su t?o era el que hab?a hecho el estudio anterior.40 Cualesquiera fueran los defectos de ese estudio, fue el estudio que us? Nichol en su defensa de Ellen, y el libro que hab?a iniciado a la iglesia hacia abajo en el serpenteante camino de los por cientos.

Acerca de la p?gina frontal faltante, de la cual pocos hab?an o?do hablar, mucho menos le?do, H. O. Olson hab?a dicho:

No se ha hecho ninguna lectura cuidadosa ni ninguna comparaci?n de The Life and Work of Paul, de Farrar, con Sketches from the Life of Paul, de la Sra. E. G. White, como en el caso de ?ste ?ltimo con Life and Epistles of the Apostle Paul, de Conybeare y Howson; sino que se utiliz? un d?a en un esfuerzo para establecer si alguna parte del libro de la Sra. White estaba basada en el libro de Farrar.41

Quiz?s si H. O. Olson no hubiese sido tan franco y abierto, su trabajo habr?a tenido una circulaci?n m?s amplia. ?l admiti? las limitaciones de su estudio. Como muchos lo har?an desde sus tiempos hasta la actualidad, ?l buscaba palabras y citas directas—no par?frasis o adaptaciones de pensamiento. Ese trabajo, que podr?a haberse hecho sin prisa en una tarde de domingo, como diversi?n y jugando, fue considerado como defensa s?lida en el muro de la mentira blanca que parar?a y rechazar?a desaf?os por otros cuarenta a?os.

La secuela de la historia, sin embargo, es m?s notable que su principio. Con la desaparici?n temporal de Sketches from the Life of Paul y la expansi?n de la serie El Esp?ritu de Profec?a en la Serie del Conflicto, m?s grande, fue necesario resucitar a Pablo de su funeral en Sketches. Ellen misma expres? este deseo en 1903 cuando escribi?:

Creo que deber?a publicarse una nueva edici?n de Life of Paul. Le har? algunas adiciones a este libro, sin embargo, antes de que se republique.42

Ahora ten?a m?s de setenta a?os y la naturaleza hab?a comenzado a cubrir los carbones del fuego de su vida. En realidad, para cuando The Acts of  the Apostles apareci? en 1911, ella ten?a como ochenta y cuatro a?os de edad.43

Lo que naci? puede haber sido una nueva edici?n, pero el relleno era el mismo. Para este tiempo, sin embargo, Ellen hab?a sido ascendida a una posici?n de supervisi?n, y actuaba s?lo como la superintendente de Dios. El Estate hace una interesante admisi?n en Life Sketches of Ellen G. White:

Para cuando 1910 tocaba a su fin, la Sra. White hab?a considerado plenamente todos los problemas relacionados con la edici?n recompuesta de Great Controversy. Habiendo completado esa tarea, encontr? tiempo para supervisar la revisi?n de Sketches from the Life of Paul, y a?adir varios cap?tulos sobre la vida y los escritos de los ap?stoles de la iglesia cristiana primitiva. Este material se public? en 1911, bajo el t?tulo The Acts of the Apostles [Los Hechos de los Ap?stoles] [La cursiva ha sido a?adida].44

En realidad, no hab?a mucho que supervisar. En algunos casos, se reorden? el material original, se a?adieron algunos autores m?s, y se moder? algo del copiado m?s obvio con m?s textos b?blicos.

Pero se hab?a a?adido una nueva dimensi?n. Se llam? a los expertos para que hicieran un trabajo cosm?tico sobre las cifras antiguas. De all? en adelante, ser?a dif?cil relacionar The Acts of the Apostles con su predecesor, Sketches from the Life of Paul, o el predecesor de ?ste ?ltimo, el tomo tres de El Esp?ritu de Profec?a. Un estudio cuidadoso y una cuidadosa comparaci?n de los tres libros en el orden de su producci?n muestra mucha imaginaci?n y evoluci?n creativa—todo ello capaz de ser hecho por el hombre, no por Dios. El tomo tres de El Esp?ritu de Profec?a revelaba poca teolog?a original. Sketches from the Life of Paul a?adi? material de m?s autores, pero no ten?a m?s originalidad—y no ten?a ning?n reconocimiento de una creciente dependencia de otros autores.45

La edici?n final de The Acts of the Apostles era un entretejido de materiales efectuado por un "consorcio" de conspiradores. Algo del material que hab?a sido copiado anteriormente fue reemplazado con textos b?blicos. Se diluyeron y se limitaron los detalles obvios de parafraseo. Pero un nuevo maestro entr? a la arena de la inspiraci?n. A la vida de Pablo se le a?adi? la vida de Pedro. Esto, aparte de la familia de Conybeare y Howson, Farrar, March, y McDuff, introdujo cap?tulos adicionales, que mostraban la ayuda de John Harris, que en 1836 hab?a publicado una serie de cinco ensayos en un libro titulado The Great Teacher, que promet?a mucho y se vend?a bien.46

The Great Teacher era diferente de cualquier cosa que Ellen y su grupo hubiesen usado antes. La mayor?a de los escritores anteriores hab?an seguido bastante de cerca la narrativa de las Escrituras. Esto hab?a ayudado al Estate a defendese de las cr?ticas de que Ellen hab?a copiado. La defensa era que, aunque se colaran algunas similitudes de los autores usados, esas  similitudes eran s?lo coincidencias, por cuanto tanto el material copiado como la persona que copiaba estaban siguiendo la narrativa b?blica, y quiz?s estaban usando las mismas referencias marginales, y quiz?s el mismo diccionario b?blico, y quiz?s, quiz?s, quiz?s.47

?Pero este Harris no era ning?n quiz?s! Aqu? mostramos una comparaci?n de la introducci?n de The Great Teacher con el tomo seis de Testimonies for the Church:

Ellen G. White John Harris
Deb?an estudiar las lecciones de Cristo y el car?cter de sus ense?anzas. Deb?an ver que ellas estaban libres del formalismo y la tradici?n, y apreciar la originalidad, la autoridad, la espiritualidad, la ternura, la benevolencia, y lo pr?ctico de sus ense?anzas.48 El libro contiene cinco ensayos de considerable extensi?n, y trata de los siguientes temas de importancia:—I. La Autoridad de las Ense?anzas de Nuestro Se?or. II. La Originalidad de las Ense?anzas de Nuestro Se?or.... III. La Espiritualidad de las Ense?anzas de Nuestro Se?or. IV. La Ternura y la Benevolencia de las Ense?anzas de Nuestro Se?or. V. Lo Pr?ctico de las Ense?anzas de Nuestro Se?or.49

Harris y The Great Teacher hab?an aparecido en las obras de Ellen anteriormente pero, como en otros casos, sin cr?dito ni reconocimiento. Se hab?a encontrado el material de su libro muy ?til al reescribir The Desire of Ages en 1898. Much?simas veces, Harris y sus ensayos dejan su marca en The Acts y en The Desire, y en Ellen y su iglesia. Algunos de los dulces dichos que repicaban la campana Adventista armonizaban con Harris, no Ellen. Sin las afirmaciones de Harris, como la de que

?l dise?? la iglesia para que fuera su propio peculio; es la ?nica fortaleza que ?l sostiene en un mundo en rebeli?n; y por lo tanto, ?l ten?a el prop?sito de que en ella no se conociera  ninguna autoridad ni se reconociera ninguna ley, excepto la suya.50

Las introducciones de The Acts y de The Desire habr?an sido tan mon?tonas como las de sus respectivos predecesores, en los cuales estas introducciones faltaban por completo—lo cual mostraba lo que Dios pod?a hacer con un poquito de ayuda.

Pero el uso de Harris y The Great Teacher no se limit? a las introducciones a estos dos libros de Ellen. M?s tarde, Fundamentals of Christian Education, Counsels to Teachers, y Education presentar?an a Ellen de principio a fin—y poca gente sabr?a que Harris era realmente la sensaci?n del espect?culo.51 Si las declaraciones de Harris fueran extractadas de cualquiera de los cinco libros y puestas en otro lugar del mismo libro, la continuidad de los pensamientos no se alterar?a en ning?n caso. Las declaraciones no tienen relevancia ni valor en su contexto o ambiente a menos que el lector les d? alguna suerte de valor. Por cuanto no siguen ninguna narrativa b?blica ni ning?n orden establecido, pueden usarse como a menudo se usan—en cualquier parte, en cualquier momento, por cualquier persona, para decir cualquier cosa o para establecer cualquier punto.

Se ha indicado que W. W. Prescott, el genio educativo del Adventismo,52 ten?a gran inter?s en Ellen, as? como en su material y sus escritos. El estilo de leer y de pensar de Prescott est? mucho m?s de acuerdo con el de Harris que con el de Ellen, pues, a diferencia de cualquier otra persona, Harris aparece en la extensa lista de ella.53 En a?os posteriores, el White Estate hizo una interesante admisi?n en cuanto a la participaci?n de Prescott en la producci?n de The Desire of Ages. Un trabajo dado a la luz p?blica por Robert Olson, y art?culos posteriores de Arthur White en la Review afirmaban que Prescott s? tuvo algo que ver con la "correcci?n" gramatical en The Desire of Ages.54 Esas afirmaciones, m?s la carta de Lacey, relacionan bastante bien a Harris y a Prescott con la cadena de sucesos.

Una nota adicional de inter?s es que cuando se compara a The Doctrine of Christ, el libro de texto de Prescott para la escuela superior, con Harris y su material (copiado de los primeros pocos cap?tulos de The Desire of Ages), los tres muestran una notable similitud, con Harris ocupando un r?pido primer lugar, Ellen claramente un segundo lugar, y el libro de Prescott en un lento tercer lugar, pero todav?a en la competencia.55 Un final tan cerrado explicar?a por qu? el profesor estaba tan preocupado de que el material escamoteado de Harris y entregado a los "defensores" de la iglesia apareciera m?s tarde en la casa de empe?os de Ellen y se vendiera como mercanc?a de Dios.56

Para cualquiera que estuviera a cierta distancia, era obvio que todo el "prestado" se hizo con espejos —pero no enfocados para reflejar a Harris, o a March, o a Conybeare y Howson—ni siquiera para reflejar a Dios. La obra final fue colgada en el Sal?n de la Fama Adventista para reflejar la obra y la autoridad de Ellen como los dirigentes y te?logos las han entregado a la Iglesia Adventista. Los ?ltimos cinco libros de la Serie Conflicto habr?an de quedar como la contribuci?n duradera y autorizada de Ellen (y por ende, de Dios), y del Adventismo a la geolog?a, la teolog?a, la cristolog?a, y la escatolog?a. Los Adventistas creen y ense?an, ya sea oficialmente o extraoficialmente, que la "inspiraci?n" (o el genio) de Ellen y la habilidad para reasignar los hechos de la historia y predecir los eventos del futuro, es de incuestionable autoridad. La Conferencia General de 1980 de la Iglesia Adventista del S?ptimo D?a, la expulsi?n de Desmond Ford en Colorado m?s tarde ese verano, la constante negaci?n de los hechos en las investigaciones actuales sobre el programa de copiado de Ellen White durante su vida, la insistencia en decir que cualquier falta que se pueda encontrar en su vida y en sus m?todos puede igualarse con las experiencias de los escritores b?blicos—todo indica que ella es la int?rprete final e infalible de toda fe y pr?ctica Adventista.

Sin embargo, ha habido grietas en el espejo Adventista. La fuerte posici?n de la administraci?n Adventista no ha prendido en el mundo en general. Ni siquiera ha sido aceptada por la iglesia en general. La Ellenolog?a es un fen?meno norteamericano. Casi todos en el grueso del Adventismo est?n fuera de los Estados Unidos y no han tenido la totalidad de sus escritos, ni les preocupa usarlos, o por lo menos los interpretan en forma algo diferente de como lo hace el adherente norteamericano. Hasta los verdaderos creyentes que dejan las costas de los Estados Unidos tienden a adaptarse a una influencia sin Ellen en los asuntos de la iglesia y su estilo de vida personal, s?lo para cambiar a su posici?n anterior nuevamente cuando regresan a la patria de Ellen. A menudo, la se?al de este cambio es un anillo de bodas, prohibido, por instrucciones de Ellen, para ministros y miembros por igual en los Estados Unidos. Ellen hab?a convertido la ausencia de un anillo en la marca del Adventismo en los Estados Unidos, cuando escribi?:

Algunos han llevado una carga con relaci?n a llevar un anillo de matrimonio, pensando que las esposas de nuestros ministros deber?an adaptarse a esta costumbre. Todo esto es innecesario. Que las esposas de los ministros tengan el eslab?n de oro que une sus almas a Cristo Jes?s, un car?cter puro y santo, el verdadero amor y la mansedumbre y la piedad que son el fruto del ?rbol del cristiano, y su influencia en todas partes estar? asegurada. El hecho de que el hacer caso omiso de la costumbre d? lugar a observaciones no es una buena raz?n para adoptarla. Los norteamericanos pueden dar a entender su situaci?n diciendo claramente que en nuestro pa?s la costumbre no se considera obligatoria. No es necesario que llevemos la se?al con nosotros, pues no estamos siendo infieles a nuestro voto matrimonial, y el llevar el anillo no ser?a evidencia de que somos fieles. Me preocupa profundamente este proceso de leudamiento que parece estar ocurriendo entre nosotros, de conformidad  con la costumbre y con la moda. No deber?a gastarse ni un centavo en un anillo de oro para testificar que estamos casados.57

Por d?cadas, la discusi?n de esta prohibici?n ha generado m?s calor que luz en los cuerpos deliberantes de la iglesia, perdiendo Dios la discusi?n, si fue el autor, porque la mayor?a de las iglesias han aflojado la prohibici?n para permitir que se use el anillo. De lo contrario, mucho del talento de la iglesia estar?a fuera de los l?mites de la gracia y el uso de la iglesia. Todav?a es dif?cil para los pastores y evangelistas de la iglesia bautizar a miembros que tengan puesto su anillo, y a menudo se usa un pedazo de cinta adhesiva para ocultarlo. Parece que hasta hay maneras de rodear a Ellen y a su Dios.

La confesi?n, el comienzo de los comienzos, es un acto antinatural—una admisi?n de culpa, de haber hecho lo malo, y de prop?sito humano, en desacuerdo con la ?tica del hombre o las leyes morales de Dios. Cuando la confesi?n viene de la mente, es ?til para prop?sitos externos. Cuando viene del coraz?n, o el alma, es ?til para prop?sitos internos. En cualquiera de los dos casos, la confesi?n puede tener un efecto corto o duradero, dependiendo de las circunstancias. Sin embargo, siempre se desperdicia cuando ocurre demasiado tarde o cuando es forzada o extra?da mucho despu?s de que el conocimiento de los hechos que causan la necesidad de la confesi?n se haya propagado. Tal parece ser el caso en relaci?n con Arthur White y su trabajo de enero 18, 1981, titulado "The Prescott Letter to W. C. White" [La carta de Prescott para W. C. White].

Fiel a la metodolog?a del "staff" del White Estate, Arthur trata en su documento de minimizar, o manchar sutilmente, a Prescott, principalmente a causa de la carta de ?ste ?ltimo a W. C. White, sus conexiones con Abuela Ellen, y la reconocida ayuda que ?l le proporcion? a los escritos de ella. La acusaci?n de inclinaciones pante?stas se le hace a Prescott lo mismo que se le hizo a Waggoner y a Kellogg. Quiz?s por falta de pruebas, Arthur no da los detalles de sus acusaciones, sino que usa expresiones tales como " un indicio de esto", "ulteriores afirmaciones parecen dar a entender esto", "parec?a confuso", "s?lo con una dedicaci?n sin entusiasmo", y "los resultados s?lo tuvieron ?xito moderado".58

Es en su apolog?a—en la cual el White Estate, con ?l a la cabeza, no hizo nada para corregir los malentendidos acerca de los escritos de Ellen—donde Arthur White baja la guardia y abre la puerta lo suficiente para dejar entrar un poquito de luz. Como si temiera que los que saben, o pueden o?r hablar de ello, pudieran tener verdaderas buenas ideas, dice:

Estos hechos son tales que una mente prejuiciada o inescrupulosa, o un investigador altamente cr?tico, puede malinterpretarlos seriamente y usarlos incorrectamente. Lo que sigue se escribe con la esperanza, y en oraci?n, de que esta informaci?n sea usada justa y juiciosamente.

?Y por qu? fue presentada de mala gana? Porque estaban involucrados hombres buenos de incuestionable integridad; hombres de confianza, dedicados, en altas posiciones de dirigencia en las iglesias, hombres que merecen ser recordados con honor y admiraci?n, y sobre todo, porque lo que tuvo lugar se hizo inadvertida e involuntariamente. No estamos discutiendo una coartada, sino m?s bien un accidente en el cual algunos salieron mal heridos. [La cursiva ha sido a?adida].59

Luego viene la confesi?n:

Pero no fue sino hasta hace tres o cuatro a?os, cuando las actas de las reuniones de los maestros de Biblia y de historia en 1919 fueron reveladas y publicadas, que me enter? de la reuni?n de 1919.60
Y nuevamente, m?s adelante:
Es cierto que el intenso trabajo en un estudio de la relaci?n entre porciones de ciertos libros de Ellen G. White y los escritos de comentaristas e historiadores ha revelado un uso m?s amplio de otros escritos por parte de Ellen White de lo que eran conscientes el White Estate o los actuales dirigentes de la iglesia. A trav?s de los a?os, el "staff" ha sido demasiado peque?o y ha estado demasiado ocupado satisfaciendo las demandas impuestas sobre ?l para darse tiempo para sondear respuestas a preguntas que ahora se hacen.61

?D?nde hab?a estado el pobre Arthur todos estos a?os cuando aquellas "inquisitivas" preguntas se hac?an una y otra vez?

Su trabajo podr?a indicar que, si en realidad ea ignorante de la investigaci?n de la Conferencia B?blica de 1919 (que algunos creen que ha sido una de las m?s reveladoras e importantes reuniones del Adventismo) y era ignorante del extenso trabajo de copiado de Ellen en la preparaci?n de sus libros, entonces quiz?s ignoraba muchos m?s hechos concernientes a Abuela Ellen.

A pesar de estas inconsistencias y problemas de ?tica, no puede negarse que Ellen hab?a llegado a la cima, y a lo grande, con sus escritos. En el sistema Adventista, ella hab?a redise?ado el pasado, dado lustre al presente, y a?adido colores ex?ticos al futuro. Ese futuro, como se detalla en la escatolog?a Adventista, se encuentra en el libro de Ellen The Great Controversy—en s? mismo la mayor controversia de todos sus escritos.

Cuadros Comparativos Escogidos

Libros escritos por: Fuentes que ella utiliz?:
White, Ellen G. Conybeare, W. J./Howson, J. S.
The Acts of the Apostles
Mountain View, California, Pacific Press, 1911.
The Life and Epistles of the Apostle Paul
New York, Crowell, 1852.
The Spirit of Prophecy, vol 3
Battle Creek, SDA Publishing Assn., 1878.
Harris, John

The Great Teacher, 2nd. ed.
Amherst, J. S. y C. Adams, 1836.

The Great Teacher, 17th. ed.
Boston Gould and Lincoln, 1870.

March, Daniel

From Dark to Dawn
Philadelphia, J. C. McCurdy & Co., 1878.

Night Scenes in the Bible
Philadelphia, Zeigler, McCurdy (1868-1870).

Walks and Homes of Jesus
Philadelphia, Presbyterian Pub. Committee, 1856.

Cuadros Comparativos de Muestra

The Spirit of Prophecy, Vol. 3
Ellen G. White 1878
The Life and Epistles of the Apostle Paul
W. J. Conybeare/J. S. Howson 1852
 [295] Alquilaron testigos falsos para testificar que lo hab?an o?do hablar palabras blasfemas contra el templo y contra la ley.  [73] Sobornaron a testigos falsos para acusarlo de blasfemar contra Mois?s y contra Dios.
[299]  Se les requiri? a los testigos que hab?an acusado a Esteban que arrojaran las primeras piedras. Estas personas pusieron sus ropas a los pies de Saulo...
El martirio de Esteban caus? una profunda impresi?n en todos los que lo presenciaron...

[300]  Su celo [el de Pablo] por llevar adelante la persecuci?n aterrorizaba a los cristianos en Jerusal?n. Las autoridades romanas no hicieron ning?n esfuerzo especial para detener la cruel obra...
?l no fue miembro del concilio del Sanedr?n sino hasta despu?s la muerte de Esteban, cuando fue elegido para ser miembro de ese cuerpo en consideraci?n del papel que hab?a jugado en ese ocasi?n.

[77]  Y los testigos (que, de acuerdo con la Ley, se requer?a que arrojaran las primeras piedras) se despojaron de sus vestimentas exteriores y las pusieron a los pies de Saulo...

[75]  Y es evidente ... cu?n profunda impresi?n hab?a causado en su [la de Pablo] memoria la muerte de Esteban...

[80]  No parece que las autoridades romanas los restringieran en modo alguno...
Hay fuertes razones para creer que, si no era miembro del Sanedr?n al tiempo de la muerte de Esteban, fue elegido miembro del poderoso senado poco despu?s—posiblemente como recompensa por el celo que hab?a demostrado contra los herejes.

[317]  La educaci?n rab?nica y farisaica de Pablo ahora habr?a de ser usada en buena cuenta predicando el evangelio y sosteniendo la causa para destruir la cual hab?a una vez hecho todos los esfuerzos. [95]  Su educaci?n rab?nica y farisaica ahora era usada para sostener la causa que hab?a venido a destruir.
The Acts of the Apostles
E. G. White, 1911
The Great Teacher
John Harris, 1836 (ed. de 1870)
[11]  La iglesia es la fortaleza de Dios, su ciudad de refugio, que ?l tiene en un mundo rebelde. Cualquier traici?n a la iglesia es traici?n contra Aqu?l que ha comprado a la humanidad con la sangre de su Hijo Unig?nito... ?l ha enviado a sus ?ngeles para ministrar a su iglesia, y las puertas del infierno no han podido prevalecer contra su pueblo. [157]  ?l ha decidido que la iglesia sea su propio peculio; es la ?nica fortaleza que ?l tiene en un mundo en rebeld?a... de manera que, abrir sus puertas para dar entrada a cualquiera de los rebeldes, por especioso que sea el pretexto, es traici?n a la m?s sagrada confianza, y traici?n a la gran causa de Cristo.
[12]  Por d?bil y defectuosa que sea, la iglesia es el ?nico objeto al cual Dios confiere su supremo cuidado. Es el escenario de su gracia, en el cual se deleita revelar su poder para transformar los corazones. [160] Pero la iglesia de Cristo, por d?bil y defectuosa que sea, es el ?nico objeto sobre la tierra al cual confiere su supremo cuidado... Es el escenario de su gracia, en el cual hace experimentos de misericordia sobre los corazones humanos, y efect?a transformaciones.
[12]  No pod?a usar los reinos del mundo como comparaci?n. En la sociedad, no encontr? nada con lo cual comparararlo. Los reinos de la tierra gobiernan por el dominio del poder f?sico; pero toda arma carnal, todo instrumento de coacci?n est? desterrado del reino de Cristo. [152]  Porque, mientras alguna figura monstruosa, de ferocidad y poder brutos, se consideraba s?mbolo apropiado de cada monarqu?a precedente ... mientras ellos prevalec?an por el dominio del poder f?sico, toda arma carnal y todo instrumento de coacci?n deber?a ser desterrado de su reino...
  Night Scenes in the Bible
Daniel March, 1868-1870
[146]  Pedro fue confinado a una celda labrada en la roca, cuyas puertas ten?an gruesos cerrojos y barrotes; y los soldados de guardia fueron hechos responsables por la vigilancia de los prisioneros... Pero los cerrojos y los barrotes... s?lo har?an m?s completo el triunfo de Dios en la liberaci?n de Pedro. [459-60]  Diecis?is soldados armados, todos los cuales respond?an con sus vidas por la vigilancia, y una celda hecha de roca maciza, y dos cadenas y tres puertas vigiladas y provistas de cerrojos ... nos demuestran que el poder empleado en la defensa de la religi?n de Jes?s es m?s grande que los ej?rcitos de los reyes.

Referencias y Notas

    1. Ellen G. White, Sketches from the Life of Paul (Washington: RHPA, 1883; reproducci?n en facs?mil, 1974), prefacio, pp. 7-8.
    2. Fancis D. Nichol, Ellen G. White and Her Critics (Washington: RHPA, 1951), caps. 28 y 29.
    3. Comit? de Glendale, "Ellen G. White Sources", cintas (28-29 de Enero de 1980). Donald R. McAdams y otros han sido conscientes de que el trabajo de Nichol es inadecuado. V?ase tambi?n el trabajo de Ronald Graybill presentado en la Reuni?n de Obreros de la Conferencia del Norte de California , marzo de 1981.
    4. Robert D. Brinsmead, Judged by the Gospel (Fallbrook, CA: Verdict Publications, 1980), p. 158.
    5. H. O. Olson, "Comparison of The Life and Epistles of the Apostle Paul, by Conybeare y Howson, and Sketches from the Life of Paul, por Ellen G. White". (Washington: EGW Estate).
    6. V?ase el Ap?ndice, Cuadros Comparativos del Cap?tulo 7.
    7. EGW, Sketches from the Life of Paul, prefacio de la edici?n en facs?mil de 1974.
    8. H. O. OLson, "Comparison of The Life and Work of St. Paul, by Farrar, and Sketches from the Life of Paul, by Mrs. E. G. White, to Ascertain If the Latter Is Dependent On the Former" (Washington: EGW Estate).
    9. Ibid.
    10. Durante su vida, aparecieron muchas declaraciones relativas a en qu? momento, en un per?odo de veinticuatro horas, trabajaba Ellen White en sus escritos. En 1882, ella escribi? una larga ep?stola (publicada m?s tarde en el tomo cinco de los Testimonies, pp. 62-84, y tambi?n, en parte, en Selected Messages, lib. 1, p. 27) en la cual hay estas afirmaciones: "Me he despertado de mi sue?o... y he escrito, a medianoche.... me levant? a las tres de la ma?ana para escribirle". Estas afirmaciones y otras parecidas usadas com?nmente por ella no dejan dudas de que ella escrib?a mucho durante las noches.
    11. [Conferencia B?blica] "The Bible Conference of 1919". Spectrum 10, no. 1 (mayo de 1979): 23-57.
    12. Ibid., p. 52.
    13. Ibid., p. 51.
    14. Ibid., p. 35.
    15. Bert Haloviak, "In the Shadow of the 'Daily': Background and Aftermath of the 1919 Bible and History Teachers' Conference", trabajo presentado en la reuni?n de los Eruditos B?blicos Adventistas del S?ptimo D?a, New York City, 14 denNoviembre de 1979.
    16. Ingemar Linden, The Last Trump, p. 203. El pie de p?gina n?mero 78 de Linden (con referencia a la controversia entre Uriah Smith y los White) dice: "En 1870, [James White] efectu? una completa purga de la iglesia de la oficina central. El prop?sito de la reorganizaci?n era dar a los White un mejor control sobre la iglesia. Uno de los veteranos, G. W. Amadon (1882-1913), ha proporcionado al historiador mucha informaci?n ?til en sus diarios", Diario de Amadon 1870-73, Biblioteca de la Universidad de Andrews, Heritage Collection.
    17. V?ase el Cap?tulo Uno para los antecedentes.
    18. EGW a Bates, 13 de julio de 1847, MS B-3-1847 (Washington: EGW Estate). Arthur L. White citado por Robert Brinsmead en Judged by the Gospel, p. 160.
    19. EGW, "Questions and Answers", Review, 8 de Octubre de 1867, p. 260.
    20. Arthur L. White, "Who Told Sister White?" Review (21 de mayo de 1959), p. 7. EGW es citada de Ms. 7, 1867.
    21. Linden, Brinsmead, Winslow, aqu? y all?. Se hace referencia a H.Camden Lacey en las cintas del Comit? de Glendale del 28-29 de enero.
    22. [Un ministro Adventista del S?ptimo D?a] en carta a los miembros de la iglesia de Aurora, Colorado, 3 de octubre de 1980.
    23. Arthur L. White, "Who Told Sister White?" Review (14 de mayo de 1959).
    24. [John Harvey Kellogg], "An Authentic Interview", pp. 33-34.
    25. M[erritt] G. Kellogg, declaraci?n [manuscrita] fotocopiada circa 1908.
    26. [George B. Starr], citado en "Statement Regarding the Experiences of Fannie Bolton [ca. 1894] in Relation to Her Work for Mrs. Ellen G. White", (Washington: EGW Estate, DF 445), p. 8.
    27. "Ellen G. White?s Writings [letters] on the Life of Christ", Ms. 683, EGW a JW, 4 de abril de 1876.
    28. Ibid., p. 2. (EGW a JW, 7 de abril de 1876).
    29. Ibid., p. 3. (EGW a Lucinda Hall, 8 de abril de 1876).
    30. Ibid., p. 3. (EGW a JW, 16 de abril de 1876).
    31. Arthur L. White, "Who Told Sister White?" Review (14 de mayo de 1959), p. 1. p. 6.
    32. Ibid.
    33. H. Camden Lacey a Arthur W. Spalding, 5 de junio de 1947, p. 3.
    34. H. Camden Lacey to Leroy E. Froom, 30 de agosto de 1945, pp. 1-2.
    35. Arthur L. White, "Who Told Sister White?" Review (21 de mayo de 1959), pt. 2, pp. 7-8.
    36. V?anse los Cuadros Comparativos para el Cap?tulo 7 en el Ap?ndice.
    37. Arthur L. White, "Who Told Sister White?" Review (21 de mayo de 1959, pt. 2, pp. 8-9.
    38. V?anse en el Ap?ndice los Cuadros Comparativos sobre The Spirit of Prophecy, tomo 3, para el Cap?tulo 7.
    39. H. O. Olson, comparaciones del libro de EGW sobre Pablo con el de Farrar y con los libros de Conybeare y Howson sobre Pablo.
    40. El Comit? de Glendale sobre las fuentes de EGW, 28-29 de enero de 1980, cintas.
    41. Comparaciones, por H. O. Olson, entre el libro de EGW sobre Pablo y los libros de Farrar y de Conybeare y Howson sobre Pablo.
    42. E. G. W. Sketches from the Life of Paul, rproducci?n en facs?mil de la segunda edici?n, segunda p?gina del prefacio, edici?n de 1974.
    43. Bible Conference "The Bible Conference of 1919," Spectrum 10, no. 1 (mayo de 1979), p. 35. Arthur Daniells relata el esfuerzo para comunicarse con EGW, comentando, "Y enseguida se met?a en aquella zona crepuscular".
    44. EGW, Life Sketches of Ellen G. White, p. 434.
    45. V?anse los Cuadros Comparativos para el Cap?tulo 7 en el Ap?ndice.
    46. John Harris, The Great Teacher (Amherst: J. S. & C. Adams, 1836; Boston: Gould and Lincoln, 1870).
    47. Raymond F. Cottrell y Walter F. Specht, "The Literary Relationship Between The Desire of Ages, por Ellen G. White, y The Life of Christ, por William Hanna", 2 partes, fotocopiado (Biblioteca, Archivos, y Colecciones Especiales de la Universidad de Loma Linda, 1 de noviembre de 1979), pt. 1, aqu? y all?, V?ase tambi?n mi cap?tulo seis, "Sources from Which She Drew, More or Less".
    48. EGW, Testimonies for the Church, tomo 6, p. 160.
    49. Harris, The Great Teacher, p. 18.
    50. Ibid., pp. 157-58.
    51. V?anse los Cuadros Comparativos para el Cap?tulo 9 en el Ap?ndice.
    52. SDA Encyclopedia, Serie Comentario, tomo 10, s.v. W. W. Prescott. Prescott particip? en gran parte de la historia Adventista desde 1880 hasta 1930 (incluyendo la controversia con John Harvey Kellogg).
    53. EGW Estate, "Books in the E. G. White Library in 1915", (Washington: EGW Estate, n.d.), DF 884. Este inventario de diecisiete p?ginas de libros "On Shelves in the E. G. White Study and in the Office and Vault" [En Estantes en el Estudio de E. G. White, y en la Oficina y la B?veda] incluye casi cuatrocientos t?tulos, un buen n?mero de ellos juegos de varios tomos. M?s recientemente, una lista informativa fue preparada por Ronald D. Graybill y Warren H. Johns, "An Inventory of Ellen G. White?s Private Library, July 29, 1981, draft" [Un Inventario de la Biblioteca Privada de Ellen G. White] (Washington: EGW Estate, 1981).
    54. Arthur L. White, "The E. G. White Historical Writings", una serie de siete art?culos publicados en el Adventist Review, desde el 12 de julio de 1979 hasta el 23 de agosto de 1979.
    55. W[illiam] W[arren] Prescott, The Doctrine of Christ (Washington: RHPA, 1919). V?ase pp. 9-11.
    56. H. Camden Lacey a Leroy Froom, 30 de agosto de 1945; H. Camden Lacey a Arthur W. Spalding, 5 de junio de 1947.
    57. EGW, Testimonies to Ministers and Gospel Workers (Mountain View: PPPA, 1923), pp. 180-81.
    58. Arthur L. White, "The Prescott Letter to W. C. White [6 de abril de 1915], "fotocopiado (Washington: EGW Estate, 18 de enero de 1981), pp. 4, 7.
    59. Ibid., p. 22
    60. Ibid., p. 26
    61. Ibid., p. 29